En España, el acceso a la vivienda continúa siendo un desafío significativo, y el impacto se extiende al mercado de habitaciones compartidas, tradicionalmente visto como una alternativa más económica. Un estudio reciente de pisos.com, basado en los datos de su plataforma pisocompartido.com, pone de manifiesto que compartir un piso ya no es la opción asequible que solía ser en muchas áreas del país.
A pesar de lo que podría pensarse, las localidades fuera de las grandes capitales están registrando los precios más altos por habitación. Villanueva de la Cañada encabeza la lista con un coste medio de 703,57€ por habitación, seguida de cerca por Villaviciosa de Odón, ambas en la Comunidad de Madrid. Estos costos superan incluso a Barcelona, la capital de provincia más costosa con un promedio de 646€, y se sitúan casi un 50% por encima de la media nacional de 475,98€. Esto resalta una realidad cambiante: alejarse de las grandes ciudades ya no garantiza un menor gasto en vivienda.
El fenómeno no es exclusivo de Madrid y Barcelona; se extiende a sus alrededores. En Madrid, municipios como San Sebastián de los Reyes, Getafe y Alcobendas mantienen precios que se acercan al promedio nacional. En el área barcelonesa, L’Hospitalet de Llobregat, Badalona y Sabadell presentan cifras elevadas, superando incluso a ciudades como Bilbao o Cádiz.
Según Ferran Font, portavoz y director de Estudios de pisos.com, estos municipios experimentan una presión particular debido a la concentración de universidades, zonas industriales y centros de empleo, así como buenas conexiones a las capitales. Font explica que, con la demanda en aumento y una oferta limitada de vivienda, los precios se disparan, incluso en áreas que solían ser más asequibles.
El área metropolitana de Valencia no es ajena a esta situación, con localidades como Paterna y Torrent enfrentando también un alza en los precios. La presión sobre el mercado habitacional ya no distingue entre núcleos urbanos y periferias, haciendo que la opción de mudarse a un pueblo cercano para ahorrar se agote rápidamente. La tensión en el mercado se extiende incluso a las afueras con gran intensidad.
A todo esto se suma la creciente desigualdad entre salarios y el coste de vida. A pesar de un aumento del 3,1% en el salario mínimo interprofesional en 2026, situándose en 1.221€ mensuales, este incremento no supone un alivio significativo para quienes comparten piso, puesto que en las zonas tensionadas, el alquiler de una sola habitación puede consumir más de la mitad de dicho salario.
A pesar de que existen zonas con precios notablemente más bajos en el panorama nacional, como Ontinyent, Ponferrada, Tortosa y Talavera de la Reina, Ferran Font señala que esos precios más accesibles a menudo se deben a una actividad económica y oportunidades laborales más débiles. Por lo tanto, el ahorro en vivienda podría no compensar la falta de empleo cercano. El problema, concluye Font, no es exclusivo de las grandes ciudades, sino que afecta a todo el país en diferentes magnitudes.





